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Categoría: Recursos

  • Test de Ansiedad

    Test de Ansiedad

    Comprueba con este breve cuestionario, tus niveles de ansiedad, es un buen principio para ponerte en marcha y resolverla.

    Instrucciones: contesta de 0 a 3, según te sientas identificado/a con cada una de las afirmaciones, no te saltes ningún ítem. 

    Una vez termines, me llegará un email, revisaré el cuestionario y te enviaré una respuesta con las impresiones al respecto.

    Contesta según hayas experimentado los síntomas durante las últimas dos semanas, incluyendo el día de hoy.

    Duración aprox: 10 min

    ​Ten en cuenta que la corrección e interpretación del cuestionario es realizada personal e individualmente, por un psicólogo. Por lo que, especialmente si cae en fin de semana o no laborables, puede tardar unos días en realizarse. Gracias por la comprensión.​

    Comprueba tu nivel de ansiedad ahora:

    Si quieres saber más, o necesitas que te ayudemos, no dudes en contactar con nosotros

  • Test de Depresión

    Test de Depresión

    Comprueba con este breve cuestionario, tus niveles de  depresión, es un buen principio para ponerte en marcha y resolverla.

    Instrucciones: contesta de 0 a 3, según te sientas identificado/a con cada una de las afirmaciones, ES MUY IMPORTANTE que no te saltes ningún ítem. 

    Contesta según hayas experimentado los síntomas durante las últimas dos semanas, incluyendo el día de hoy.

    Una vez termines, me llegará un email, revisaré el cuestionario y te enviaré una respuesta con las impresiones al respecto. Elige si deseas que te contacte por teléfono o por escrito.

    Duración aprox: 10 min

    ​Ten en cuenta que la corrección e interpretación del cuestionario es realizada personal e individualmente, por un psicólogo. Por lo que, especialmente si cae en fin de semana o no laborables, puede tardar unos días en realizarse. Gracias por la comprensión.

    Dicho esto, te recomendamos que revises tu carpeta de SPAM, parece que algunas veces, las respuestas son derivadas allí.

    Comprueba tu nivel de depresión ahora:

    Si quieres saber más, o necesitas que te ayudemos, no dudes en contactar con nosotros

  • Parálisis del sueño

    Parálisis del sueño


    ¿Alguna vez te has despertado en mitad de la noche con la sensación de no poder moverte? ¿con la sensación de presencias en tu habitación, con ganas de pedir auxilio y no poder hacerlo?
    Enhorabuena, has experimentado la parálisis del sueño; un fenómeno más habitual de lo que crees. No, no te estás volviendo loco/a, sólo estás durmiendo mal.
     
    Aprendamos un poco sobre la parálisis del sueño:

    ¿En qué se fundamenta? Hagamos un repaso rápido de los ciclos del sueño.
    Básicamente nuestros ciclos de sueño se componen de dos fases que se van alternando;
    la fase REM (acrónimo en inglés de Rapid Eyes Movements) y la fase no-REM.
    Durante la fase no-REM, nuestros músculos se relajan, nuestro cuerpo físico descansa.
    Durante la fase REM, es nuestra mente quien descansa, residiendo aquí el misterio de la parálisis del sueño.

    Durante esta fase, nuestro cerebro se activa, recapitula toda la información, las vivencias del día; integrándolas en la memoria a largo plazo, las consolida. Un fluir de imágenes, sensaciones, experiencias, emociones, que comúnmente llamamos “ensoñaciones”, o simplemente “sueños”, es decir siempre soñamos, lo recordemos o no, y siempre soñamos durante la fase REM (Por norma general, cuanto mejor dormimos, menos recordamos los sueños, son los micro-despertares, pequeñas tomas de consciencia, los que nos hacen recordarlos)
    Para evitar que nuestro cuerpo reproduzca movimientos relacionados con las ensoñaciones, que podrían poner en peligro nuestra integridad física, nuestra mente “desconecta” nuestros músculos, haciendo que estos no sean capaces de realizar movimientos. Imaginemos que nos da por andar, golpear, o saltar desde la cama mientras dormimos ¡podríamos herirnos! (digamos que este es el mecanismo que les falla a las personas sonámbulas).

    Entonces, ¿qué me sucede exactamente?
    La experiencia de “parálisis” no son más que pequeños despertares, tomas de consciencia, durante el sueño REM, momento en que nuestros músculos se encuentran desconectados, lo que nos impide movernos, despertarnos, o pedir ayuda.

    ¿Por qué veo sombras, o experimento presencias?
    Muy sencillo, recuerda que durante la fase REM tu mente está activa, está “movilizando” contenido, imágenes, recuerdos. Esa experiencia “semi-consciente” en la que te encuentras (entre sueño y vigilia) te lleva a percibir el contenido de las ensoñaciones de manera cuasi consciente, integrando realidad (percepción de la habitación en la que te encuentras, al abrir los ojos) e imaginación, de modo similar a como sucede durante una pesadilla.

    ¿Qué lo provoca? ¿por qué me sucede? ¿Es extraño?
    Es una experiencia muy común, casi todo el mundo lo experimenta alguna vez en su vida, durante periodos de estrés. Se relaciona con la calidad del sueño; alteraciones en los ciclos del sueño pueden provocar su aparición.

    Algunos factores que provocan alteraciones del sueño:

    Estrés, preocupaciones (exámenes, trabajo, pareja), ansiedad
    Ciclos de insomnio
    Consumo de sustancias que afectan la calidad del sueño (medicamentos o drogas: marihuana, anfetaminas, cocaína, alcohol, ansiolíticos…)
    Cenas copiosas (la digestión interfiere en los ciclos del sueño)
    Siestas prolongadas (provocan despertares nocturnos o dificultades para conciliar el sueño)

    ¿Puedo hacer algo para evitarlo?
    Una vez te halles inmerso en la experiencia, lo mejor es no luchar contra ella, tratando de vencer a la inmovilidad muscular. Aceptar la situación, recordar que es un proceso normal y volver a dormise es la solución más efectiva. Cuando vuelvas a despertar, tu cerebro habrá «re-conectado tus músculos», recobrando así la capacidad de movimiento.
    Si lo que pretendes es que no te pase, revisa / evalúa, qué comportamientos pueden estar provocando que duermas mal.

    ¿Debería pedir ayuda profesional?
    Una experiencia aislada es común y no debería preocuparte demasiado, sobre todo en etapas estresantes. Si la parálisis del sueño es habitual, preocúpate. Algo en tu día a día no te está dejando dormir bien.
    Si necesitas resolver este u otros problemas relacionados con el sueño, recuerda que estamos aquí para ayudarte.

  • Sobre el bruxismo

    Sobre el bruxismo

    ¿Te despiertas con dolor en la mandíbula o los dientes? ¿Rechinas aprietas o frotas los dientes cuando te concentras o duermes?
    Si todavía no lo sabías, tienes Bruxismo, una patología estrechamente relacionada con la ansiedad
      
    Hoy aprenderemos algunas cosas interesantes sobre el Bruxismo

    ¿Qué es el bruxismo?
    El bruxismo es el acto de rechinar, frotar o apretar los dientes de manera inconsciente. Suele producirse de forma automática en momentos en los que “dejamos de prestar atención”, como cuando dormimos o nos concentramos (estudios, trabajo)
     Existen distintos tipos de bruxismo:
    Céntrico: consiste en apretar los dientes
    Excéntrico: cuando los frotamos

    Del sueño, o nocturno: se produce al dormir (a veces la persona no es consciente del problema)
    De vigilia, o diurno: ocurre durante el día, principalmente en momentos de estrés

    De grado, I, II o III: en función de la frecuencia de aparición del hábito

    ¿Cuáles son sus consecuencias?
    La consecuencia más evidente es el desgaste progresivo de los dientes, aunque no la única. Tan importante o más es el desgaste de la articulación mandibular, así como cefaleas tensionales (dolores de cabeza), insomnio, dolores mandibulares, sensibilidad en los dientes…

     ¿Qué lo provoca?
    El factor desencadenante más importante es el estrés / ansiedad. A pesar de que otros factores puedan agravarlo o contribuir, sin duda alguna, el estrés es el principal.
    Básicamente, durante el día vamos acumulando tensión en nuestro cuerpo (preocupaciones, exigencias, temores, necesidades) que no sabemos gestionar. Nuestro cuerpo necesita encontrar, y encuentra, vías de escape para el estrés (bruxismo, dermatitis, uñas mordidas, enfados, dolores de cabeza…)

     Entonces, ¿qué puedo hacer para evitarlo?
    Para evitar el desgaste de los dientes suele recurrirse a una férula dental, un método efectivo para proteger tu dentadura, pero no suficiente como para eliminar el problema
    La gestión del estrés, sin duda, es la estrategia más efectiva para el manejo de este hábito. Para conseguirlo, en nuestra clínica realizamos una estrategia combinada, consistente en un entrenamiento en técnicas de relajación, auto-hipnosis y estrategias de modificación de conducta.

    Técnicas de relajación; para disminuir los niveles de estrés acumulados
    Modificación de conducta mediante auto-hipnosis; para romper la automatización del hábito

    Si quieres saber más, o necesitas que te ayudemos, no dudes en contactar con nosotros

  • Ansiedad y estrés

    Ansiedad y estrés

    Si existe un mal endémico en nuestro tiempo (y espacio) sin duda es el estrés. Pero… ¿qué entendemos por estrés?

    Vamos a empezar fuerte; ¿Qué pensarías si te dijera que el estrés es bueno; que el estrés es un mecanismo que nos permite salvar la vida como individuos y como especie?
    Sin entrar en aburridas distinciones técnicas, podemos entender el estrés, la ansiedad y la activación como “la misma” cosa, entre comillas (no lo son, pero casi, para lo que nos atañe).
    Trata de describir a una persona estresada, cuáles son sus síntomas?

     Aceleración del ritmo cardíaco y respiratorio
    Tensión muscular
    Hiperactivación cognitiva (pensamientos rápidos)
    Hipervigilancia

    Parece que no se diferencian demasiado a los síntomas que presentaría una persona en una situación de peligro potencial, ¿verdad? Exacto, el estrés nos prepara para afrontar situaciones de peligro con eficacia.
    Entonces, si el estrés es bueno, ¿cuál es el problema? Son varios; veámoslos:

    Primer problema: Nuestros problemas habituales casi nunca son de vida o muerte ni se resuelven mediante el mecanismo “escape o lucha” 

    Imaginemos a un hombre (o mujer) de las cuevas corriendo delante de un dientes de sable, luchando por su vida: El estrés (la activación), le permite huir o enfrentarse al problema con “eficacia”
    Ahora imagina los problemas a los que afortunadamente nos enfrentamos en nuestro día a día y que nos causan estrés… problemas con mi jefe, con mi pareja, con mis hijos, quedar bien en una presentación o en un examen… la mayoría no son de vida o muerte, ni requieren una respuesta explosiva que elimine la tensión que acumulamos para afrontarlos
    El estrés iba (y va) bien para afrontar situaciones problemáticas; pero ¿qué pasa cuando acumulamos tensión que no eliminamos?.

    Segundo problema: Desajuste en la percepción de riesgo, o de la importancia de la situación
    Para poder enfrentarme con éxito a un problema necesito estresarme, necesito poner en marcha los recursos necesarios para resolverlo:

    Si me paso, si me estreso demasiado, me bloquearé
    Si me quedo corto, si no me preocupo demasiado, no lo resolveré adecuadamente
    Busquemos la activación adecuada

    Suelo poner el ejemplo del paso de cebra a mis pacientes: 
    Imagina (una vez más) a tres personas enfrentándose a la decisión de cruzar una calzada:

    La persona A es Paco Martínez Soria, “la ciudad no es para él”; nunca ha visto un coche
    La persona B es una madre cuyo hijo murió atropellado y ha desarrollado una fobia a los coches
    La persona C eres tú

    Qué crees que sucederá cuando vayan a cruzar el paso de cebra? 

    Empecemos por la madre con fobia: Su nivel de estrés al enfrentarse a esa situación es tan elevado, que se asusta, no deja de mirar a los dos lados, se asusta, se siente incapaz, abandona y refuerza su fobia (así es como se forman)
    El bueno de Paco nunca ha visto un coche, así que no sabe cómo funcionan, se lanza a la aventura sin mirar ni preocuparse por si frenan: muere atropellado.
    Tú estás acostumbrado a esta situación, la conoces, sabes que tienes que mirar, esperar el hueco y cruzar, te activas lo necesario y resuelves el problema.

    Tercer problema: El estrés funciona por debajo del nivel de la consciencia 
    El estrés no pide permiso a la consciencia para actuar, si lo hiciera sería demasiado tarde. 

    Te tropiezas → el mecanismo de alerta funciona → pones las manos → caes con más o menos estilo delante de la chica o el chico que te gusta → os reís
    Te tropiezas → el mecanismo de alerta le pregunta a tu consciencia qué deberías hacer en esta situación → te lo piensas → os reís, pero te has quedado sin dientes delante de ese chico o chica, tu sonrisa no es la misma → no vuelve a llamarte

     Atacar racional y conscientemente frente al estrés no funciona, hay que hacerlo de otra manera.

    ¿Qué problemas puede generarme el estrés?
     Muchos y variados, la tensión siempre busca (y encuentra) una manera de salir a flote, algunos ejemplos:

    Problemas de la piel; dermatitis, psoriasis
    Trastornos de la alimentación; ingesta compulsiva, pérdida de apetito o problemas digestivos (úlceras)
    Hipertensión arterial, problemas cardíacos
    Dificultad para conciliar el sueño (insomnio, parálisis del sueño)
    Problemas sexuales (impotencia, anorgasmia, dificultad para excitarse)
    Bruxismo (frotar los dientes), morderse las uñas, arrancar el pelo, tics…
    Dismenorreas, o des-regulación menstrual
    Enfados, mal genio
    Dolor crónico; articular, cefaleas
    Depresión
    Fobias (a conducir, social, a volar…)
    Angustia, crisis de pánico…

    ¿Cómo puedo resolverlo?
    ¿Cómo puedo resolverlo?
     Los psicólogos somos los especialistas en la resolución de trastornos relacionados con la ansiedad; en Clínica de Llago realizamos terapias individualizadas y en grupo para entrenar a las personas en el manejo del estrés mediante diversas técnicas:

    Mapa de estrés
    Autohipnosis
    Técnicas de relajación
    Control de la respiración
    etc.
  • Sobre la somatización y las emociones

    Sobre la somatización y las emociones

    PENSAMIENTOS INTRUSIVOS Y RUMIACIONES

    Vivimos en una sociedad donde se pide estar bien, en la cual la pregunta “¿cómo estas?” debe ir acompañada de un “bien, todo bien”, en la que es necesario sentirse bien para continuar con nuestra vida, y en la que oímos muchas frases como: “no te preocupes”, “todo va a ir bien”, “sólo necesitas tiempo”, “debes estar bien”, “¡vamos, alegra esa cara!”, “hay cosas peores”…
    Está claro que intentan animarnos, pero la mayoría de veces conducen a evitar nuestro problema, a derivar lo que en realidad sentimos hacia otro lado, a mostrar una emoción que no sentimos y a poner buena cara para continuar con nuestro día a día.

    ¿Y por qué actuamos así?

    Expresar lo que sentimos duele, nos hace sufrir lo que queremos evitar y nos hace realmente enfrentarnos al problema que estamos viviendo. Además, es necesario querer sacarlo, y para ello ayuda el hecho de tener a alguien que nos escuche, que simplemente nos muestre comprensión, empatía, al cual sintamos que importamos. Si bien es cierto que ayuda, no implica que no podamos hacer frente nosotros mismos a lo que nos afecta.
    El ser humano es un ser social, con emociones, básicas y secundarias, emociones incluso innatas que aparecen ante ciertas situaciones, y que son difíciles de controlar. ¿Por qué debemos entonces esconderlas?
    Debemos entender que el cuerpo habla aunque la mente calle, que si padecemos cierto malestar psicológico (ansiedad, estrés, celos, problemas sociales,…) y no lo expresamos, no lo “sacamos”, éste saldrá mediante malestar físico y con expresiones físicas del dolor psicológico muy variadas. Sucede que empezamos a sentir dolores sin ninguna justificación, dolores que antes no sentíamos y que, casualmente, aparecen en momentos de elevada ansiedad o preocupación en nuestra vida.

    ¿Qué dolores solemos experimentar?

    Los más comunes suelen ser dolor de espalda, cuello, migrañas y cefaleas, punzada en el pecho, nudo en el estómago, ahogo y dificultad para respirar, hipertensión, náuseas, pérdida del deseo sexual, problemas digestivos, o similares.
    Cuando aparecen estos dolores y no se derivan de ninguna alteración médica y física, nuestra acción más común suele ser ir al médico de familia, donde nos recetan fármacos que alivian el dolor, que ponen una distancia entre el problema psicológico y los dolores físicos, pero no lo tratan, sólo lo palían y lo disfrazan. Es muy importante saber que aunque el uso de fármacos alivie el dolor o ayude, a veces llega a generar incluso dependencia, ya que nos ayudan a aliviar la ansiedad, a evitar el problema y así cronificar o agravar el problema.

    Cuando este proceso de somatización cesa, es decir, si cesan los dolores, no quiere decir que el problema en nuestra mente realmente haya desaparecido. Los fármacos ayudan a aliviar estos dolores, pero el problema sigue estando, ya que no era físico sino psicológico. Por tanto, ¿lo he superado? ¿Puede volver a salir? Sí, puede volver, y lo recomendable en estos casos, cuando aparecen los dolores, no es centrarnos en eliminar este malestar, sino indagar en el porqué, aceptar que existe, buscar causas y empezar a tratarlas.

    Es crucial pararnos a pensar en qué sentimos, descubrirlo y, sobretodo, aceptarlo, ese malestar existe, está ahí, y como tal debemos experimentarlo y hacerle frente. Nos ayudará el hecho de ponerle nombre, llamar a esas emociones por su nombre y poner palabras a lo que sentimos. Podemos buscar ayuda pero, lo más importante siempre será sentir y expresar lo que nuestro cuerpo nos pida ya que, como hemos explicado, si no sale a nivel psicológico el cuerpo acabará sacándolo a nivel físico.
    Lo más importante de todo es dejar que nuestro cuerpo sienta, acepte y, siempre que necesite expresar una emoción, expresarla, sentirla y aceptar que está ahí y que sentir es natural.
     
    Si nos apetece llorar, lo mejor siempre será hacerlo.

    Andrea Juste.
    Psicóloga colaboradora en Clínica Dellago

  • Los pensamientos intrusivos. El experimento del camello

    Los pensamientos intrusivos. El experimento del camello

    PENSAMIENTOS INTRUSIVOS Y RUMIACIONES

    ¿Por qué el mismo tipo de pensamientos desagradables causan molestias a unas personas, y no a otras? La respuesta la encontramos en la importancia y la interpretación que se da al pensamiento, más que en su propio contenido. Es decir, si se valora un pensamiento de forma catastrofista o inadecuada, se percibirá como una amenaza, incrementándose la ansiedad.
    La tendencia a cavilar en aquello que queremos evitar pensar recibe el término de pensamientos intrusivos o efecto camello, y son actos involuntarios. Pero en cambio, la neutralización y la importancia que se dan a dichos pensamientos son actos voluntarios. Definimos neutralización como aquellos intentos que hace la persona para suprimir los pensamientos intrusivos, per esto requiere de mucho esfuerzo. Comprobémoslo en la siguiente prueba:

    Se pide al paciente que cierre los ojos y que durante dos minutos intente pensar en un camello. Durante ese tiempo debe levantar la mano en el momento en que desaparezca de su mente (y el terapeuta lo anotará).
    Tras pasar el tiempo, se comenta si le resultó complicado mantener el pensamiento del camello, y le damos paso a la siguiente instrucción.
    Ahora deberá volver a cerrar los ojos, y se le pedirá que deje de pensar en el camello durante otros dos minutos. Pero cada vez que aparezca en su mente el pensamiento del camello, levantará la mano (anotándolo el terapeuta).
    Finalmente se comentará si le ha resultado difícil mantener alejado el pensamiento, y si le ha enseñado algo sobre sus pensamientos.

    La prueba que acabamos de realizar recibe el nombre de “Experimento del camello”, en el que se pone en evidencia como de paradójica es la mente. Pues, si se ha realizado el experimento correctamente se verá cómo es prácticamente imposible mantener el pensamiento alejado cuando se le dice al sujeto que deje de pensar en ello, es decir, cuando intentamos no pensar en algo, en realidad pensamos más en ello, aunque se trate de pensamientos que no tengan un significado importante para nosotros.

    Somos conscientes del control que tenemos de nuestra mente.
    Cuanto más intentemos no pensar en algo, más lo pensaremos.

    Pau Vayá
    Psicólogo colaborador en Clínica Dellago

  • Inseguridad y autoestima

    Inseguridad y autoestima

    LA VALORACIÓN DEL PROPIO CONCEPTO DE UNO MISMO

    Cada persona tiene un concepto formado de sí misma, y según realice una valoración hacia un polo más negativo o positivo de este concepto sobre sí, desarrollará una autoestima más o menos positiva. En otras palabras, la valoración que hacemos de nuestro propio concepto es lo que llamamos autoestima.
    Cuando hablamos de inseguridad nos referimos a la emoción negativa que se despierta en nosotros mismos ante ciertas situaciones, depende de nuestras expectativas y las opiniones de los demás sobre nosotros mismos y nuestra capacidad percibida, o la confianza en uno mismo.

    Si estas dos variables se ponen en juego afectan a la manera como actuamos, la eficacia que percibimos en nosotros mismos, o autoeficacia, así como la creencia que tenemos de considerarnos capaces de actuar ante ciertas circunstancias o no. Este tipo de pensamientos pueden llegar a ser tan negativos que influyan en nuestra vida diaria y nuestro funcionamiento normal, ya que pueden hacernos dudar de nosotros mismos y llevar a un diálogo interno negativo.
    Expliquemos esto más detenidamente. Si anteriormente hemos fallado, si los demás nos han dicho que no podemos hacerlo, o esperan que nos equivoquemos, acabaremos aprendiendo que tal vez sea cierto, tendremos miedo a equivocarnos e incluso miedo a fallar ante los demás y hacer el ridículo. Además, incluso podemos actuar de manera que sólo busquemos complacer al resto, para así evitar estos posibles fallos que, recordemos, hemos aprendido que podemos cometer.

    Si trabajamos en esta inseguridad, tomamos las riendas y reconocemos nuestra valía real, llegaremos a tener un mejor concepto de nosotros mismos, nos creeremos capaces de actuar mejor y por tanto desarrollaremos una mejor autoestima. 

    ¿Cómo podemos hacerlo?

    En primer lugar, debemos trabajar en ese diálogo interno negativo que tenemos con nosotros mismos, algunos ejemplos de este tipo de frases son: “no voy a ser capaz”, “seguro que me va a salir mal”, “siempre me equivoco en lo mismo”, “voy a hacer el ridículo,… Y cambiarlo por otro más positivo y real como: “¿por qué voy a tener que equivocarme?”, “lo que importa es lo que yo pienso de mí, no los demás”, “si intento y trabajo me saldrá bien”, “todo el mundo se equivoca”.
    En segundo lugar, debemos fomentar nuestra asertividad, aprender a comunicarnos y expresar lo que pensamos y queremos de una manera adecuada a la situación, y manteniendo siempre el respeto por uno mismo y por los demás. Si no queremos algo, ¿por qué debemos aceptar?

    Es muy importante trabajar en el concepto de uno mismo. Eres quien eres y tal como eres. Nadie es perfecto, muéstrate como eres, y nunca intentes agradar a los demás, sino mostrar tu yo real, que es mucho más valorable.
    Atrévete a actuar cuando así lo desees, no hay nada de malo en ello. Quéjate si así lo sientes, expresa lo que piensas si es importante para ti, y decídete a vencer ese temor.

    Algo muy útil también es anticipar lo positivo: imagina la situación, mírate en ella, créete capaz de hacerlo y estar ahí. Podemos repetirnos: “Me siento bien, me siento capaz, estoy seguro/a de mí mismo.”

    Hay que tener en cuenta que todo cambia alrededor, que no podemos controlarlo y siempre habrá situaciones que no acaben de gustarnos, pero lo más importante es cómo percibimos estas situaciones y nuestra actitud ante ellas.

    Andrea Juste
    Psicóloga colaboradora en Clínica Dellago

  • INTELIGENCIA EMOCIONAL: ¿Qué es y cómo fomentarla?

    INTELIGENCIA EMOCIONAL: ¿Qué es y cómo fomentarla?

    ¿Podemos conocer todas nuestras emociones? ¿Podemos llegar a controlarlas? ¿Qué pasa cuando algo nos enfada mucho y perdemos el control de lo que decimos? ¿Podemos ser capaces de calmarnos antes de hacer algo de lo que podemos arrepentirnos?
    La respuesta es sí, somos capaces y con trabajo podemos conseguirlo.
     
    Si paramos a pensar por un momento, sabremos el importante papel que juegan las emociones en nuestro día a día, hasta tal punto que la mayor parte de nuestras decisiones son tomadas de acuerdo a las emociones que suscitan. 
    Cuando hablamos del término inteligencia emocional nos referimos a la capacidad de conocer y actuar ante nuestras emociones, así como las de los demás, y actuar en consecuencia. Se trata de una capacidad que podemos dominar en mayor o menor medida y que, como tal, podemos trabajar y mejorar. Existen así personas que poseen una inteligencia emocional más desarrollada que otras.
     
    Los principales elementos con los que se trabajan en los entrenamientos orientados a fomentar este tipo de inteligencia son: autoconocimiento emocional, autocontrol o autorregulación emocional, automotivación, reconocimiento de emociones en los demás, o actuación interpersonal.
    Centrémonos en los primeros elementos, ya que son los primeros de una cadena que podemos trabajar y desarrollar. Vamos a conocer algunas técnicas y pasos que podemos aplicar en nosotros mismos para llegar a conocer nuestras emociones.

    Lo primero que debemos saber es lo que NO debemos hacer cuando experimentamos una emoción:

    No pensar en lo que nos preocupa.
    Liberar la tensión por otras vías.
    Presionarnos para tener pensamientos positivos.
    Querer distraer la atención hacia otro asunto.
    Pensar y buscar soluciones inmediatas.

    1. Parar

    Hagamos un “stop” en nuestro alrededor cuando sintamos que hay una emoción que se despierta.

    2. Respirar

    Estar serenos es muy importante para continuar con los siguientes pasos. Podemos hacer respiraciones profundas, contar al inspirar y espirar, cerrar los ojos y centrarnos en el movimiento del pecho y el diafragma,…

    3. Captación y definición de la emoción

    ¿Qué estoy sintiendo? ¿Cómo me afecta? ¿Qué despierta esta emoción en mi cuerpo? ¿Qué pensamientos despierta esta emoción?

    4. Aceptación de la emoción

    La emoción está ahí, existe, lo mejor es que la aceptamos y nos permitamos sentirla.

    5. Soltar la emoción

    Una vez la hemos sentido y experimentado, lo mejor es dejarla ir.
    “Yo no soy mis emociones, sino que ellas vienen y van, estas emociones no son lo mismo que yo.”

    6. Actuar

    Según las circunstancias, podemos hacer un pequeño ensayo mental para tomar una decisión en nuestra actuación, como por ejemplo: al haber experimentado la emoción y sentirla, podemos pensar en cómo será la situación ante la decisión que decida tomar.
     
    Otros pasos que pueden ayudarnos son el hecho de hacernos las siguientes preguntas, que nos ayudarán a no tomar decisiones o actuar de manera precipitada: ¿Cómo será la situación si reacciono así? ¿Cómo se sentirá esa persona ante mi reacción? ¿Actuar así es realmente lo que quiero?
     
    Conocer y controlar nuestras emociones lleva mucha práctica, conocimiento personal y control de pensamientos y actitudes, pero no por ello se trata de algo imposible, tal vez nos ayude a dar el primer paso para conocernos mejor el hecho de pensar en qué es lo que queremos, visualizarlo, qué podemos hacer para conseguirlo y entonces trabajar por ello.
    Somos capaces, solo es cuestión de practicar.

    Andrea Juste
    Psicóloga colaboradora en Clínica Dellago

  • TRASTORNO POR ATRACÓN: Qué es y qué no es

    TRASTORNO POR ATRACÓN: Qué es y qué no es

    Para poder comprender qué son los atracones que pueden llegar a constituir el trastorno por atracón es importante saber qué son y qué los caracteriza; a ello vamos a dedicar esta entrada
    Llamamos episodio de atracón al hecho que se basa principalmente en dos aspectos; en primer lugar, se produce una ingesta de alimentos que se considera excesiva, en segundo lugar, y también importante, esta ingesta va acompañada por la sensación de pérdida de control.

    Empezando por la cantidad, suele ser superior a lo que la mayoría considera, ésta tal vez puede no parecer exagerada a un observador externo, por lo que también se tiene en cuenta la opinión subjetiva de la persona que se ha dado el atracón. Es posible que si una persona se prohíbe los dulces, el hecho de comerse una tarde 5 magdalenas en pocos minutos lo considere un atracón, en cambio a una persona que normalmente toma 2 magdalenas para merendar, tomarse 2 más lo puede interpretar como que ese día se ha dado un “capricho”.

    Pasamos ahora a la pérdida de control, fundamental para catalogar algo como atracón o no. Si en el caso anterior la persona se ha comido 5 magdalenas porque le apetecía, lo ha hecho de forma calmada y controlada, no es un atracón, en cambio si la persona planeaba sólo comerse 1 magdalena y cuando ha empezado no ha podido parar y ha terminado comiendo 5 entonces sí podríamos hablar de un atracón.
    Sabiendo ya estos dos aspectos fundamentales vamos a describir las demás  características de los atracones:

    Sensaciones: agradables al inicio el atracón, aunque instantes después aparecen la culpa y el malestar tanto físico como mental por la ingesta descontrolada.
    Velocidad: puede comenzarse de manera más reducida, donde la comida se saborea y mastica lentametamente, pero por lo general después se engulle rápidamente.
    Agitación: Suele haber hiperactivación, la persona se remueve en el asiento o pasea por la habitación, dando una sensación de gran nerviosismo.
    Sensación de consciencia alterada: el periodo durante el que se realiza el atracón suele describirse como un lapso de tiempo en que la conducta se hace casi automática, sin ser plenamente consciente de ella.
    Secretismo: Es común comer de forma relativamente normal y luego, en secreto, volver a por más o llevar comida al dormitorio o baño.
    Sensación de pérdida de control: Es el factor clave de los atracones. Esta sensación puede ir apareciendo gradualmente, a medida que se come, o de repente, donde una ingesta controlada se vuelve más descontrolada. Existen personas que planean sus atracones, teniendo así sensación de control sobre ellos, aunque esto no es del todo cierto ya que no evitan que sucedan, e incluso reconocen que se dan atracones que no estaban planeados.

    Veamos dos ejemplos:  

    Es el día de nochebuena, estoy en la cena familiar. El primer plato está muy bueno, pero el que más me gusta es el segundo plato, sabe delicoso, de hecho me gusta tanto que me sirvo una segunda ración. Para finalizar, los postres, no soy muy de dulce, picoteo algunos mantecados y polvorones mietras hablamos y me tomo varias copitas de cava. Cuando todos se van me lavo los dientes y me acuesto. ¿Es esto un atracón? No, una persona en una situación puntual puede comer más y ello no constituye un atracón siempre y cuando, como en este caso, sienta que controla la situación.

    Es el día de nochebuena, estoy en la cena familiar. El primer plato está bien; el mejor sin duda es el segundo plato, solomillo, como mi ración en cuestión de minutos y no dudo en coger otra, y entonces noto que los demás se me quedan mirando, apenas he participado en la conversación, dejo de comer, aunque me comería una tercera ración, y hablo con mi familia. Llega el turno de los postres, no soy muy de dulce, picoteo algunos mantecados y polvorones mietras hablamos y me tomo varias copitas de cava. Bien entrada la noche todos se van, me lavo los dientes y me acuesto, pero no consigo dejar de pensar en el solomillo que ha sobrado, estoy tenso, me apetece mucho comerlo. Bajo a la cocina con la intención de comer un pequeño trozo pero entonces me apetece más y acabo comiendo todo lo que ha sobrado, lo hago tan rápido que apenas noto el sabor de la comida; yo no quería esto, ahora me siento culpable y me duele el estómago, he comido demasiado, no podía parar. ¿Es esto un atracón? Sí, pero no durante la cena, la persona quería comer más solomillo pero se ha refrenado, el atracón en este caso ha sido nocturno, ha comido más de lo que había planeado en un inicio y ha tenido esa sensación de pérdida de control y remordimientos.

    Por tanto, para hablar de trastorno por atracón se deben cumplir estas condiciones: ingestión  de alimentos superior a lo que la mayoría considera normal en un periodo de tiempo determinado, sensación de falta de control, malestar respecto a los atracones, el episodio de atracón suele producirse mínimo una vez a la semana (mínimo durante tres meses), y se suele comer más rápidamente, hasta sentirse lleno, no se siente hambre físico antes, y suele haber culpabilidad al finalizar.

    Ángela Carro
    Psicóloga colaboradora en Clínica Dellago