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INTELIGENCIA EMOCIONAL: ¿Qué es y cómo fomentarla?

¿Podemos conocer todas nuestras emociones? ¿Podemos llegar a controlarlas? ¿Qué pasa cuando algo nos enfada mucho y perdemos el control de lo que decimos? ¿Podemos ser capaces de calmarnos antes de hacer algo de lo que podemos arrepentirnos?
La respuesta es sí, somos capaces y con trabajo podemos conseguirlo.
 
Si paramos a pensar por un momento, sabremos el importante papel que juegan las emociones en nuestro día a día, hasta tal punto que la mayor parte de nuestras decisiones son tomadas de acuerdo a las emociones que suscitan. 
Cuando hablamos del término inteligencia emocional nos referimos a la capacidad de conocer y actuar ante nuestras emociones, así como las de los demás, y actuar en consecuencia. Se trata de una capacidad que podemos dominar en mayor o menor medida y que, como tal, podemos trabajar y mejorar. Existen así personas que poseen una inteligencia emocional más desarrollada que otras.
 
Los principales elementos con los que se trabajan en los entrenamientos orientados a fomentar este tipo de inteligencia son: autoconocimiento emocional, autocontrol o autorregulación emocional, automotivación, reconocimiento de emociones en los demás, o actuación interpersonal.
Centrémonos en los primeros elementos, ya que son los primeros de una cadena que podemos trabajar y desarrollar. Vamos a conocer algunas técnicas y pasos que podemos aplicar en nosotros mismos para llegar a conocer nuestras emociones.

Lo primero que debemos saber es lo que NO debemos hacer cuando experimentamos una emoción:

No pensar en lo que nos preocupa.
Liberar la tensión por otras vías.
Presionarnos para tener pensamientos positivos.
Querer distraer la atención hacia otro asunto.
Pensar y buscar soluciones inmediatas.

1. Parar

Hagamos un “stop” en nuestro alrededor cuando sintamos que hay una emoción que se despierta.

2. Respirar

Estar serenos es muy importante para continuar con los siguientes pasos. Podemos hacer respiraciones profundas, contar al inspirar y espirar, cerrar los ojos y centrarnos en el movimiento del pecho y el diafragma,…

3. Captación y definición de la emoción

¿Qué estoy sintiendo? ¿Cómo me afecta? ¿Qué despierta esta emoción en mi cuerpo? ¿Qué pensamientos despierta esta emoción?

4. Aceptación de la emoción

La emoción está ahí, existe, lo mejor es que la aceptamos y nos permitamos sentirla.

5. Soltar la emoción

Una vez la hemos sentido y experimentado, lo mejor es dejarla ir.
“Yo no soy mis emociones, sino que ellas vienen y van, estas emociones no son lo mismo que yo.”

6. Actuar

Según las circunstancias, podemos hacer un pequeño ensayo mental para tomar una decisión en nuestra actuación, como por ejemplo: al haber experimentado la emoción y sentirla, podemos pensar en cómo será la situación ante la decisión que decida tomar.
 
Otros pasos que pueden ayudarnos son el hecho de hacernos las siguientes preguntas, que nos ayudarán a no tomar decisiones o actuar de manera precipitada: ¿Cómo será la situación si reacciono así? ¿Cómo se sentirá esa persona ante mi reacción? ¿Actuar así es realmente lo que quiero?
 
Conocer y controlar nuestras emociones lleva mucha práctica, conocimiento personal y control de pensamientos y actitudes, pero no por ello se trata de algo imposible, tal vez nos ayude a dar el primer paso para conocernos mejor el hecho de pensar en qué es lo que queremos, visualizarlo, qué podemos hacer para conseguirlo y entonces trabajar por ello.
Somos capaces, solo es cuestión de practicar.

Andrea Juste
Psicóloga colaboradora en Clínica Dellago

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