Alimentación consciente

ALIMENTACIÓN CONSCIENTE EN LOS TIEMPOS DE HOY

Vivimos en un mundo lleno de prisas, aprendamos a tomarnos un momento para cuidarnos desde la alimentación.

Nuestra alimentación ha cambiado enormemente en los últimos siglos, actualmente siempre tenemos disponible una abrumadora cantidad de opciones para alimentarnos, algunas son más saludables, otras menos, unas más naturales, otras más procesadas… Y en un mundo en que todos parecemos ir siempre con prisa optamos por las opciones más rápidas y fáciles de preparar, las cuales no siempre son las mejores para nuestro organismo.

La suma de estos factores ha llevado a un histórico aumento de los problemas de sobrepeso y las enfermedades cardíacas, hepáticas y pancreáticas así como varios tipos de cáncer. Vivimos más que nunca, cada década la esperanza de vida aumenta pero, ¿qué hay de la calidad de vida?

 

Nuestro cuerpo tiene la capacidad de sanarse a sí mismo y muchas enfermedades ya mencionadas disminuyen si se sigue una dieta equilibrada, llena de nutrientes, con alimentos lo más naturales posibles y bajo consumo de grasas. ¿Qué tal si pensamos en los hábitos que seguimos en la alimentación? ¿Qué tal si cambiamos algunos aspectos? Por ejemplo, siguiendo con las grasas, éstas deberían representar el 30% de las calorías totales ingeridas diariamente, y de ese 30%, como máximo el 10% es aceptable como grasas saturadas. Es decir, si nuestra ingesta diaria es de 2000 kcal, sólo 600 kcal deberían provenir de lípidos o grasas y de esas, 200 kcal de grasas saturadas.

Otros aspectos a los que podríamos atender, mientras comemos, ya sea por las prisas o por la costumbre, es el conocido “piloto automático”. La mayoría de veces no somos conscientes de lo que comemos, lo hacemos de manera automática (como cuando conducimos por una carretera que conocemos, lo hacemos sin prestar verdadera atención), en todo caso, pensamos en ello después de haber comido y entonces aparecen pensamientos de reproche y culpabilidad como: “debería haber comido menos”, “ésto no es muy sano”, “me había prometido comer más verdura”, etc. Es aconsejable tomar consciencia de lo que comemos, prestarle atención. ¿Cómo? Desactivando el piloto automático, centrándonos en el momento presente, en qué comemos, explorando esas sensaciones, el cómo sabe, cómo nos hace sentir, qué aporta a nuestro cuerpo...

Ya que nuestras costumbres son más diferentes a éstas, es normal que cueste hacer ese cambio hacia una mayor consciencia al principio, estamos acostumbrados a comer viendo la tele, hablando con otros, o pensando en nuestras cosas, pero podemos también trabajar la atención plena, poco a poco. Los cambios bruscos no son necesarios al principio, podemos prestar atención a nuestra alimentación, y así ir notando cómo al ser más conscientes de lo que comemos, de cómo esto beneficia o daña a nuestro organismo, comeremos mejor, porque eso nos hace sentir bien, contribuye a un mayor estado de salud y bienestar.

 

Hablamos de cambios en hábitos y rutinas, que serán duraderos si así los acabamos instaurando. Hablamos de ser siempre conscientes de lo que comemos, los beneficios, como la mejora de la salud, el mejor estado de las arterias, la pérdida de peso y demás, irán llegando. Tampoco es aconsejable agobiarse y buscar metas rápidas, ya que hacer cambios en el estilo de vida y en cosas que llevamos haciendo desde que nacimos no es fácil, pero es posible con esfuerzo y determinación.

Este camino puede ser más llevadero con apoyo social, si se comparte, sobretodo con gente con los mismos intereses, para recibir y dar consejos, experiencias y sentir que no estamos solos. Si eso no es suficiente o sentimos que nos cuesta demasiado, entonces podemos acudir a profesionales, como psicólogos especializados en mindfulness y/o ansiedad y nutricionistas.

 

Atención a lo que comemos, a nuestro cuerpo y nuestra mente, con consciencia, trabajando cada día, poco a poco.

 

Àngela Carro

Psicóloga colaboradora en Clínica de Llago